Biografía – Unai Gabilondo

Su primer contacto con la creación artística tuvo lugar en el taller de su padre, ebanista de profesión. Unai carecía de formación y conocimientos en aquel primer acercamiento, pero eso no lo cohibió a la hora de añadir una dimensión artística al tratamiento artesanal de la madera que había adquirido bajo la tutela de su padre. La forma en la que abordó su primera obra, desde la genuinidad y la interdisciplinaridad, marcaría para siempre su relación con el arte.

La definición de las creaciones de Unai Gabilondo no vienen dadas por el artista ni por la constitución de las mismas, que huyen de las convenciones que determinan la pertenencia de una obra a un género u otro. Sus obras a menudo recuerdan estructuras propias de los muebles que, al incorporar tratamientos artísticos, escultóricos y artesanales, adquieren una identidad propia que exige ser comprendida en su individualidad. Es deseo del artista suprimir las fronteras, abrir un diálogo entre las distintas disciplinas y fomentar la reflexión, que en el caso particular de sus obras no está destinada a una conclusión definitiva. Su planteamiento artístico debe entenderse como una extensión de su resistencia a ser reconocido como mero escultor, diseñador o artesano, pues las aportaciones de esos tres perfiles tienen lugar en cada una de sus intervenciones artísticas.

Sus pinitos en el arte se vieron influenciados por la herencia de grandes personalidades del panorama artístico vasco, como las consideraciones estéticas sobre el tiempo y el espacio de Jorge Oteiza, la complicidad con la materia de Eduardo Chillida, o la cercana relación con Agustín Ibarrola, con quien trabajó en un proyecto incluso antes de ingresar en la carrera de Bellas Artes, que cursó en la universidad de Salamanca.

Su paso por la universidad, y en especial su contacto con la profesora Concha Jerez (Premio Velázquez de Artes Plásticas 2017), lo introdujeron en los nuevos lenguajes de expresión que estaban gestándose y desarrollándose en el mundo contemporáneo. El entusiasmo por la riqueza de estos nuevos discursos lo llevaron a recorrer los centros de arte contemporáneo más importantes de Europa, con el propósito de adquirir una mejor comprensión y una perspectiva más amplia de las inquietudes que vehiculaban el arte contemporáneo.

Sus creaciones, que se resisten a la categorización y navegan en la intersección entre la escultura, el diseño y la artesanía, sin ser más nativas de un ámbito que de otro, desafían el universo conceptual que ha creado la sociedad para vivir ordenadamente y estrechar al máximo el significado de las cosas, con el propósito de favorecer su asimilación y facilitar la interacción con las mismas.

En un mundo donde predomina la cultura visual, en el que lo inmediato y lo estético se sobreponen a cualquier otra consideración, la obra de Unai Gabilondo es una propuesta revolucionaria que transgrede los códigos que definen al arte actual y se mueve esquivo entre diferentes disciplinas, resistiéndose al encasillamiento y aumentando así al máximo su esperanza de vida, dando a luz una obra siempre prolífica en significados y abierta a nuevas interpretaciones.