Mother and Child (Madre e hijo), inspirada en el cuadro de Leonardo Da Vinci titulado La Madonna y el Niño (La Madonna Litta) (1490)

 

Mother and Child (155 x 110 x 65) – Maximilian Pelzmann

 

Planea sobre la escena artística actual la leyenda de que los artistas contemporáneos están menos dotados que sus predecesores y que, por eso, recurren a lenguajes abstractos, escondiendo bajo el engañoso disfraz del concepto su dudosa habilidad técnica para el oficio del arte.

¿Cuántas veces habremos oído la frase “Eso lo podría haber pintado mi sobrino de 5 años” ante un cuadro figurativo a las puertas de la abstracción o una obra llanamente abstracta?

Esta opinión, la mayoría de las veces formulada a la ligera y sin ningún fundamento, no describe la realidad de muchos artistas contemporáneos. Entre ellos se encuentra Maximilian Pelzmann.

Pintor y escultor nacido en Irlanda, Maximilian Pelzmann, que también tiene raíces en Austria y en el País Vasco a través de sus padres, se graduó en la prestigiosa Wallnut Hill School for the Arts en Massachusetts, en la especialidad de escultura contemporánea. Su itinerario formativo todavía contemplaría dos grandes hitos: su paso por la Polich Tallix Art Foundry, donde sería testigo de la producción de esculturas de artistas de la talla de Jeff Koons, Willem de Kooning o Frank Stella, y su acceso al Pratt Institute de Brooklyn, en Nueva York, donde estuvo bajo la tutela del maestro de la ebanistería japonesa Toshio Odate.

La influencia de este último todavía se proyecta en la actualidad durante la etapa embrionaria de su proceso creativo. Y es que la tercera dimensión está tan integrada en Pelzmann que obvia el recurso del dibujo como primer contacto con la idea. De este modo, el paso que sigue a la visualización mental de la obra es su directa corporeización en la espuma de poliestireno.

El resultado final, sin embargo, se concibe con materiales y técnicas industriales. Esta ambivalencia entre tradición y modernidad, entre lo antiguo y lo nuevo, trasciende las consideraciones técnicas y penetra en el lenguaje visual de Pelzmann, que a través de su visión única reformula motivos sobreexplotados en la historia del arte, como la naturaleza en toda su extensión y complejidad, desde sus formas simplificadas orgánicas y no orgánicas, pasando por sus detalles solo visibles para el observador atento, hasta llegar a sus pautas biológicas y patrones geométricos. El artista tampoco desdeña el legado de los grandes maestros, entre los que admira especialmente a Rafael, a Leonardo Da Vinci o a Bernini, y no soslaya sus potencialidades dentro de las técnicas de expresión contemporáneas. Motivado por esta certeza, alguna vez ha llegado a reformular en las claves estéticas que le son propias a su lenguaje artístico alguna obra cumbre de la historia del arte.

Éste es el caso de la escultura Mother and Child (Madre e hijo), que está inspirada en el cuadro de Leonardo Da Vinci titulado La Madonna y el Niño (La Madonna Litta) (1490), y que en la actualidad se encuentra en el Museo del Hermitage de San Petesburgo, en Rusia.

 

La pintura muestra a la figura de la Virgen María encorvada sobre el niño Jesús, a quien sostiene desnudo contra su cuerpo mientras le da de mamar. El niño está representado en escorzó, de forma que es capaz de mirar al espectador mientras succiona leche del pecho de su madre, que aparece cubierto por una de las manos del bebé para atenerse al pudor que exigía la época. Los ojos abiertos del neonato contrastan con la mirada entrecerrada de la Virgen Madre, que contempla a su retoño arrebatada, destilando ternura maternal por cada poro.

La versión escultórica de Pelzmann de esta misma obra, obvia todo detalle que a su lenguaje visual se le antoja accesorio y recoge las líneas generales de la composición, rescatando la inclinación del cuerpo de la Virgen sobre su hijo, el acto de mamar del niño y la redondez de su cuerpecito descansando sobre las blandas manos de la madre. La obra capta con elegancia sumaria el vínculo interdependiente que caracteriza la relación de madre e hijo al fundirlos en un único cuerpo indivisible, una estructura común. El tejido físico de los cuerpos y el tejido metafórico de las vidas entrelazados en la trama y urdimbre de la maternidad, desde que la identidad de madre precisa de un hijo y la de hijo de una madre, y es en esta sagrada relación donde reside el origen de la vida.

 

 

El concepto de maternidad queda así bellamente plasmado en una creación abstracta que, pese a las apariencias, está muy lejos de haber sido engendrada por la carencia técnica y el azar y es, en cambio, fruto de una reflexiva reinterpretación de la advocación mariana de la Virgen de la Leche, iconografía que dentro del arte cristiano de Occidente ha tenido un largo recorrido y una gran repercusión y que, a su vez, hunde sus raíces en la representación pagana de la Diosa Madre que ya alumbró la Prehistoria.

Maximilian Pelzmann es uno de esos escasos genios que ha alcanzado la máxima conquista del artista: desarrollar un lenguaje propio lo bastante sólido y poderoso como para servirle de embajador plástico en el cambiante panorama artístico actual. Sus obras están imbuidas de identidad y, por consiguiente, también de presencia.

Solo un lenguaje visual tan maduro como el suyo podría haberse propuesto la revisión de una iconografía tan emblemática y presuntamente agotada como lo es la Virgen de la Leche, y haberla reformulado satisfactoriamente con tanta originalidad en un lenguaje abstracto que se vale de materiales y técnicas industriales, todo ello sin caer en la superficialidad y manteniendo un alto compromiso con la sacralidad del propio motivo, que en el planteamiento de Pelzmann trasciende cualquier culto religioso y abraza el milagro de la vida desnuda de toda ideología, presentándola al espectador en su genuinidad más pura. Y es, por cierto, a esta descrita pureza que responde el color blanco de la obra.

A través del filtro creativo de Maximilian Pelzmann, descubrimos la plasticidad del arte, que no reconoce límites disciplinarios y cuyo flujo entre los distintos formatos renueva las fuentes de inspiración agotadas, ofreciéndonos como resultado una exquisita obra inédita que consigue transformar una iconografía restringida a la maternidad cristiana en una oda universal a la maternidad.

 

 

Editora: Lara Elizabeth Goikoetxea